Esta no es la primera vez que escribo en un blog, ni la primera vez que empiezo uno. De hecho creo haber comenzado tres, con este serían cuatro. ¿Razones por las que he creado este? Sencillo, es otra página de mi vida, no es que rehuya de lo que fui, pero todo aquello pertenecía a una etapa adolescente y creo que con 19 años que tengo podría abrir una nueva libreta y cambiar de tema.
No escribiré para nadie, pero escribiré para el que me lea. No escribiré con una motivación fija, sino según la música de fondo. No me importa qué piense la gente de mí, me importa lo que pienso yo. La función de mis escritos será compartir los descubrimientos que vaya haciendo a lo largo y ancho de este mundo, pues hay cosas que no está bien guardarlas para regocijo de una si pueden ser disfrutadas por más personas -sería algo egoísta-. Hablar de mí, hablar de un diccionario monolingüe, hablar de su madre... Todo es palabrería, sí, pero ¡cómo nos gusta esa palabrería! Yo hablo, yo existo. El afán del hombre en no caer en el olvido, en destrozar las pinturas del East Side Gallery de Berlin sólo para escribir un nombre que tengan otros 15 millones de personas encima de una obra de arte (ya hablaré más adelante de la estupidez humana). Yo no busco que me recuerden por un blog, sólo busco la felicidad mientras viva -la mia y si acaso la de otros-, estimulando mis sentidos e investigar en el mundo del arte sin caer en la pedante estupidez.
Esto quería ser sólo una introducción, pero una vez más he conseguido aburrir hasta al gato. Duerme feliz escuchando una nocturna de Chopin. A veces me pregunto si únicamente viene a mi cuarto para escucharla. Hermosa, sí, y ¡quién quiere palabras cuando tiene música! Escrito por una estudiante de traducción y filología.
viernes, 2 de febrero de 2007
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