lunes, 7 de enero de 2008

El amor incondicional

Si algo he ido aprendiendo estos últimos años es que las personas realmente son personas. El término engloba todas esas emociones que tanto achacamos a nuestra especie, o más generalmente al reino animal (los perros hasta sueñan).
Y es que debemos meditar para encontrar significado a nuestras acciones, para así tener un punto de apoyo con el que mover nuestra forma de ver la vida hacia algo más sostenible y más bonito para todos.

Hay situaciones en las que vemos a una persona a la que queremos como desvalida, sea moral o físicamente, aunque la moral es bastante más fuerte. La queremos, nos sentimos hasta orgullosos de ella. Y por culpa de esa situación nuestro sentimientos se tornan difusos, negativos.
Esta noche sólo estoy dando otro paso más en mi escala evolutiva hacia la paz interior y la comprensión del prójimo... Y es que esas mismas personas son como usted y como yo, siente tanto sus desgracias como nosotros, y no por eso debemos dejarlas de lado. A esto me refiero, que como buen instinto de supervivencia, tendemos a buscar personas fuertes que puedan mantener la especie. Esto no lo pensamos directamente, sino que es nuestro subconsciente el que nos lleva a ello. Pero si algo nos diferencia del resto de los animales es que tenemos la capacidad de amar sin razón lógica. Y eso es lo que, a veces, debemos pararnos a pensar. Darnos cuenta de que hay muchos puntos a favor que podemos disfrutar del "privilegio" de ser humanos. Y esto es, amar con todas las consecuencias.