Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de enero de 2008

El amor incondicional

Si algo he ido aprendiendo estos últimos años es que las personas realmente son personas. El término engloba todas esas emociones que tanto achacamos a nuestra especie, o más generalmente al reino animal (los perros hasta sueñan).
Y es que debemos meditar para encontrar significado a nuestras acciones, para así tener un punto de apoyo con el que mover nuestra forma de ver la vida hacia algo más sostenible y más bonito para todos.

Hay situaciones en las que vemos a una persona a la que queremos como desvalida, sea moral o físicamente, aunque la moral es bastante más fuerte. La queremos, nos sentimos hasta orgullosos de ella. Y por culpa de esa situación nuestro sentimientos se tornan difusos, negativos.
Esta noche sólo estoy dando otro paso más en mi escala evolutiva hacia la paz interior y la comprensión del prójimo... Y es que esas mismas personas son como usted y como yo, siente tanto sus desgracias como nosotros, y no por eso debemos dejarlas de lado. A esto me refiero, que como buen instinto de supervivencia, tendemos a buscar personas fuertes que puedan mantener la especie. Esto no lo pensamos directamente, sino que es nuestro subconsciente el que nos lleva a ello. Pero si algo nos diferencia del resto de los animales es que tenemos la capacidad de amar sin razón lógica. Y eso es lo que, a veces, debemos pararnos a pensar. Darnos cuenta de que hay muchos puntos a favor que podemos disfrutar del "privilegio" de ser humanos. Y esto es, amar con todas las consecuencias.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Alicia recuerda...

...tantas cosas que tuvo, tantas emociones perdidas, tantos rostros desaparecidos.
Dicen que la distancia es la gran homicida, la esposa del olvido, el cual con su agujero negro arrasa con la energía luminosa de las cosas bellas que alguna vez existieron en nuestro universo personal. Así, un abrazo, un sofá, una cara, una caricia, unas risas -¿de quién? me pregunto- se pierden, se pierden... para siempre.
La distancia, esa palabra que a algunos conmociona por desconocimiento(1), es la que reina, como luna, en el cielo estrellado que cubre mi cabeza mientras duermo, con una sonrisa desdibujada, en un desierto desolado de emociones perdidas. La costumbre, amiga común de la distancia, maquilla la realidad; une contextos; vigila para que, en la distracción rutinaria, andemos convencidos de que nuestra vida siempre ha sido así, pues no recordamos otra.
Pero hay momentos en los que nuestro cuerpo recibe un estímulo: una canción; una película; una visión; una canción; una sonrisa; un sofá; una caricia, nos recuerdan quiénes somos y por tanto las necesidades que tenemos conforme a nuestra forma de sentir la vida.

Aquí estoy, a mil kilómetros de mi casa, echando de menos todo lo que fui, intentando evitar que mi corazón se congele con el gélido frío invernal francés, intentando no recordar todas las cosas bonitas que me estoy perdiendo de la vida (aunque estoy descubriendo otras, además de la certeza de saber la escala de los valores que merecen la pena).
Siempre pensamos que las etapas pasarán, que aquello que anhelamos vendrá en la siguiente -lo aseguramos con vehemencia- pero, ¿qué pasa si en realidad la línea de la vida es más corta de lo que pensábamos?
Mejor no pensar, ¿verdad? Resignación o elección, valor, lancémonos a vivir: acortemos las distancias todo lo que podamos, acortemos su línea vital, ganemos la batalla a la melancolía, luchemos hasta que no podamos más porque así podremos sonreír, sin olvidar que siempre se camina hacia alguna parte, pero no siempre que se camina se ha de establecer una distancia con todo lo que se ama, con el mundo al que pertenecemos o con nuestros sueños más preciados.
Vida, preciosa... preciosa... sólo existe una conocida.

(1)Recuerda que por más que huyamos de nuestro hogar no podemos huir de nosotros mismos. El hecho de quedarse en un sitio físico no implica que en el plano espiritual no se camine a ninguna parte. El lugar no importa tanto como crees, lo que importa son las personas que están en él.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Big Fish - Ending



No he llorado tanto en mi vida como viendo el final de esta película, aproximadamente dos horas y con efectos secundarios

domingo, 21 de octubre de 2007

¿Puedes enamorarte de una canción...

... o de quien la está escuchando?

O ambas cosas.

lunes, 15 de octubre de 2007

Fausta

Hace días que no sé nada de ti. Una palabra, un gesto, una caricia disimulada, son cosas que se pierden en mi memoria. Sólo te pido una palabra para oxigenar mi cuerpo, una chispa que avive mi recuerdo, un dibujo que contemplar.
Hace semanas que no sé nada de ti. Respiro en el aire la añoranza del momento en que te vi pasar, en el que supe que ya no estaba en mi mano saber tu nombre sino que serías tú quien me lo dijera.
Viniste a mí, te acercaste a mi oido, me hablaste en un suspiro, me besaste en la mejilla al marchar.
Fuiste mi pregunta sin respuesta, deviniste un montón de líneas con forma perfecta, ardor e impaciencia se convirtieron en sinónimos de mi espera por ver tu nombre hecho persona.
Esta ciudad huele a ti, aunque ni ella ni yo hayamos sentido nunca tu perfume. Mas sí el tacto de tu lengua a través de un trozo de papel, ¡y es cierto!, las palabras sólo son palabras, pequeños fragmentos de alma que se escapan por la boca, pero mueven el mundo: enlazan el tuyo y el mío.

Segundos más tarde el frío pesa tanto como tu ausencia. Me envuelvo en una manta. Es otoño en Francia.

jueves, 11 de octubre de 2007

La espiral de la vida



Cambios. Giros inesperados.
Qué es la vida sino una infinidad de espirales entrelazadas y encadenadas sin fin, girando y girando; a veces hipnotizándonos, a veces despertándonos de un sueño.
Sea espejismo o realidad, nunca durará para siempre.

Image by Every1blowz, Kirkland, Washington, May 24, 2006